Porción de cielo caída en la Tierra

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..TAHLE! IoU

miércoles, 27 de junio de 2012

El Amor que Dios puso en mí para ti bebe!


El amor verdadero.
Ahora, permítenos mostrarte un poco el otro lado. Asomémonos un poco al amor genuino.
Confiando en la elección de Dios
Vamos a ir a Génesis 24. Este es, tal vez, uno de los capítulos más preciosos de toda la Biblia. Iremos resumiendo y leyendo algunos versículos.
Isaac es el hijo único de su padre Abraham. Es el heredero de todos los bienes. Es un muchacho dichoso y bienaventurado. Lo tiene todo sin haber hecho nada. Hijo único. Su padre ve que es el tiempo de que su hijo de case. Entonces, envía por el más importante de sus criados, el administrador de todos sus bienes, y le dice: "Mira, yo no quiero que mi hijo se case con una mujer de nuestro vecindario, porque esta gente es impía e idólatra. Yo quiero que vayas a la casa de donde yo salí, allá lejos, cientos de kilómetros; toma regalos, camellos, y alimento para muchos días. Búscate acompañantes, haz una caravana, y anda, trae una mujer para mi hijo. Y el criado fue.
Iba temblando en su corazón por la tremenda responsabilidad. Él no podía fallarle ni a su amo mayor, ni a su amo pequeño: el joven Isaac. Él iba orando. Seguramente no dormía bien en esas noches a la intemperie, pidiendo a Dios que lo dirigiera. Y cuando iba llegando al lugar, ora así: "Señor, por amor a tu siervo Abraham, permite que cuando yo llegue a ese lugar, me encuentre así como por azar con la mujer que tú has destinado como esposa para mi amo pequeño."
Vers. 15: "Y aconteció que antes que él acabase de hablar (de hacer esta petición a Dios), he aquí Rebeca, que había nacido a Betuel, hijo de Milca mujer de Nacor hermano de Abraham, la cual salía con su cántaro sobre su hombro. Y la doncella era de aspecto muy hermoso, virgen, a la que varón no había conocido; la cual descendió a la fuente, y llenó su cántaro, y se volvía."
El criado, al orar a Dios, había puesto también una señal. Él había dicho: "A la primera joven que yo encuentre, a la cual yo le pida de beber, y que no solamente me dé de beber a mí, sino también a los animales, que ésa sea." Entonces comienza a hacer la prueba. Le pide de beber. Y la muchacha, que no sólo era hermosa, sino que era también diligente, le da de beber a él, y también a los camellos. ¡Algo insólito! Una joven bien criada. Una joven rica le da de beber a los camellos. Eso no es algo normal. ¡Esa era la respuesta a una petición del criado! Luego él le pide que se identifique. ¡Era pariente de su amo Abraham!
Cuando él vio lo que estaba ocurriendo, dice (v. 26) que "el hombre entonces se inclinó, y adoró a Jehová." No pudo resistirlo. Estaba tan emocionado por lo que estaba viendo, que se inclina, cae en tierra y adora a Dios, porque Él había respondido su oración.
Entonces ella lo lleva a la casa, y él informa a la familia cuál es el motivo de su viaje. Entonces ellos, al conocer todas las cosas, le dicen al criado: "De Jehová ha salido esto; no podemos hablarte malo ni bueno. He aquí Rebeca delante de ti; tómala y vete, y sea mujer del hijo de tu Señor, como lo ha dicho Jehová."
Cuando el criado de Abraham oyó sus palabras, se inclinó en tierra ante Jehová. Y sacó el criado alhajas de plata y alhajas de oro, y vestidos, y dio a Rebeca; también dio cosas preciosas a su hermano y a su madre. Y comieron y bebieron él y los varones que venían con él, y durmieron; y levantándose de mañana, dijo: Enviadme a mi Señor." Ya había cumplido su misión. Ahora se llevaba una esposa para su amo.
Entonces, el hermano y la madre de ella respondieron: "Espere la doncella con nosotros al menos diez días, y después irá." (No te la lleves de inmediato, queremos disfrutarla todavía un poco) . Entonces él les dijo: "Por favor no me detengan, yo quiero irme inmediatamente donde mi Señor". Entonces ellos respondieron: "Nosotros decimos que sí, tú dices que no. Zanjemos este asunto de la siguiente manera: llamémosla a ella, que ella decida. Si quiere irse contigo de inmediato, se van, sin no, se queda ella con nosotros diez días."
"Y llamaron a Rebeca, y le dijeron: ¿Irás tú con este varón? Y ella respondió: Sí, iré." (v.58).
El camino era de varios días. Seguramente el criado le iba contando a Rebeca cómo era su amo joven, y con cada cosa que él le decía, ella se iba enamorando más y más. Después de varios días, dice el versículo 62: "Y venía Isaac del pozo del Viviente-que-me-ve; porque él habitaba en el Neguev. Y había salido Isaac a meditar al campo, a la hora de la tarde (Era un varón tranquilo: había salido a meditar. Su corazón estaba expectante. Su esposa aparecería en cualquier momento. ¡Cómo oraría él pidiéndole a Dios que el criado no se equivocara!); y alzando sus ojos miró, y he aquí los camellos que venían.
Rebeca también alzó sus ojos, y vio a Isaac, y descendió del camello; porque había preguntado al criado: ¿Quién es este varón que viene por el campo hacia nosotros? Y el criado había respondido: Este es mi Señor. (¡este es mi Señor!) Ella entonces tomó el velo, y se cubrió. Entonces el criado contó a Isaac todo lo que había hecho. Y la trajo Isaac a la tienda de su madre Sara, y tomó a Rebeca por mujer, y la amó; y se consoló Isaac después de la muerte de su madre."
Notemos aquí algunos detalles importantes, que muestran un contraste con lo que ocurrió con Sansón. Dice la Escritura que Isaac estaba meditando en la tarde – había orado intensamente. El no conocía a su mujer. Otro la eligió por él. Él había confiado en que Dios escogería la mujer apropiada para él. Y luego, cuando se casaron, dice que "la amó". Así de simple. La amó.
Luego, al conocer el resto de la historia de Isaac, vemos que fue un matrimonio dichoso. Ellos tuvieron dos hijos, y nada perturbó la vida de ese matrimonio. En cambio cuando vemos a Sansón, ¿qué es lo que encontramos allí? Que él se enamora una y otra vez. "Se enamora". En cambio, Isaac, sin conocerla, y sólo confiando en Dios, "la amó".
Trasladémonos a nuestra realidad.Tal vez tú tengas la siguiente observación: "¡Ah, pero esos eran otros tiempos! Hoy no corresponde hacer así. Sería anticuado, ridículo que el padre de un joven le buscara esposa a su hijo; y más encima usara a una tercera persona para escogerla." Es cierto. Hoy no se estila así.
Pero ¿cuál es el principio que tenemos que sacar de esto? El principio es este: En realidad, la mujer de Isaac no la escogió el criado, ni Abraham ni Isaac. Estas tres personas que aparecen involucradas en el caso no tuvieron nada que ver, excepto comprobar la elección que Dios había hecho. ¡Dios la escogió!
Sansón nos demuestra que cuando entra una mujer por los ojos de un hombre y lo cautiva y se enamora con ese apasionamiento que en Amnón era una enfermedad, entonces su desenlace es trágico,porque Dios no está involucrado en eso. Allí no se tomó en cuenta a Dios.
La gran diferencia radica, pues, en si Dios está o no involucrado. Si la esposa (o el esposo) fue escogido por Dios, o si es sólo del agrado de los "los ojos" del que "se enamora".
Pero avancemos un poco más y veamos otro caso.
La dulce espera del amor
Génesis 29:20: "Así sirvió Jacob por Raquel siete años; y le parecieron como pocos días, porque la amaba".
Aquí el padre de la novia pone la siguiente condición: era necesario comprarla, así que él la compra con siete años de trabajo. Imaginémonos lo que son siete años. En siete años un joven estudiante de Medicina alcanza a completar toda su carrera. En siete años un muchacho se convierte en joven y un joven en adulto. Sin embargo, a Jacob "le parecieron como pocos días, porque la amaba".
¿Qué podemos sacar como conclusión de aquí? Tú sabes, los tiempos cambian, las costumbres cambian, pero los principios de Dios permanecen. ¿Cuál es el principio aquí? Que el amor genuino no varía, permanece, y que puede esperar. De tal manera que no hay tal cosa como un amor genuino y puro, que sea al mismo tiempo tan apasionado, tan avasallador que obligue a dos jóvenes a casarse ahora ya. No existe eso.
El amor genuino, el amor de Dios puede esperar todo el tiempo. Como es genuino no tiene el problema que tiene el oropel, que se corrompe y se oxida. El amor genuino es como el oro. No importa que esté al viento, y sujeto a todos cambios de temperatura, y a todas las circunstancias. Permanece igual. Ese es el principio.
Veamos un poco más acerca de este amor. Efesios 5:25: "Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella."
De todas las cosas grandes que se dicen en este versículo, vamos a rescatar una frase, la que dice "y se entregó a sí mismo por ella." El amor genuino no tiene todas las flechas y todas las direcciones enfocadas hacia el "yo", sino que todo apunta hacia el "tú". De tal manera que el amor posesivo, el amor sensualista que busca deleite, y que busca el ensalzamiento del ego, ese no es amor.
¡Pero hasta aquí no hemos dicho nada aún acerca del verdadero amor!
El origen y la naturaleza del verdadero amor
Por favor, vayamos a 1ª Corintios 13:4-7. "El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta."
El amor verdadero no reside en el alma, sino en el espíritu. Si no estás familiarizados con los términos "alma" y "espíritu", vamos a explicar un poco. El alma es el lugar –intangible por supuesto– donde reside nuestra personalidad, donde está nuestra voluntad, nuestra inteligencia, y nuestros sentimientos y afectos. Estas son las tres grandes facultades del alma. Eso corresponde al yo, a mi manera de ser, a mi persona en particular. La gente que no conoce a Dios tiene dos partes en su ser que están funcionando: el alma y el cuerpo. Pero cuando una persona nace de nuevo, entonces revive su espíritu, que es donde viene a habitar el Espíritu de Dios.
Todas las personas del mundo, no importa si son hijos de Dios o no, tienen en su alma la facultad de amar, de odiar, de enojarse, de entristecerse, de tener sentimientos, emociones, y de tener una capacidad de decidir. El amor "pasional", este amor de Sansón, este amor de Amnón, es un amor que reside en esa parte: el alma.
En cambio, el amor espiritual, el amor de Isaac, o Rebeca, y el amor de Jacob, el amor de Cristo por la iglesia, el amor del que se habla aquí en 1ª Corintios 13 no procede del alma. No es un simple sentimiento; no es la simple emoción de sentirse agradado al lado de la persona a quien se ama. Es también una emoción, es también un sentimiento del espíritu, del ser interior que uno tiene adentro luego que uno ha conocido al Señor.
De manera que, aunque esto resulte fuerte, tenemos que decirlo: el verdadero amor no reposa en quien que no ha conocido a Dios. Simplemente, no lo conoce. Conoce un remedo, una imitación, una caricatura, una sombra. Algo que "parece", pero que no es.
¿Y sabes qué es lo que sostiene –en muchas parejas– el llamado amor que se tienen? Muchas veces es simplemente una confraternidad, una mutualidad, porque ambos se necesitan el uno al otro, porque les conviene estar juntos. Ambos sacan provecho el uno del otro. Pero ellos no conocen el verdadero amor.
Nosotros, como hijos de Dios tenemos por lo tanto, la opción de amar de verdad. El mundo no tiene opción. Ellos aman con el único amor que conocen, el sentimiento y la pasión del alma. Pero nosotros tenemos dos opciones: tenemos el amor del alma, que podemos sentir igual que ellos; y tenemos el amor como un fruto del espíritu que reposa en nuestro corazón, y que es de Dios.
El mundo exacerba esta clase de amor pasional, que se origina, no de adentro, del espíritu, sino que parte por los sentidos, por lo que tocas, por lo que hueles, por lo que oyes. La música lo exacerba, las caricias lo exacerban, la mirada lo exacerba. Y también la belleza exterior, que es el ropaje que lleva una persona.
El mundo no conoce las cosas de las que estamos hablando aquí. Pero desde hoy tú no sólo las tienes, sino que también las conoces. Tú tienen desde ahora una tremenda ventaja. Porque cuando comience a aflorar esa cosquillita allí después de mirar a un(a) joven atractivo (a), y después, cuando se le va el sueño en la noche pensando en él (o en ella), y sientas el deseo de estar juntos, como que estalla en el corazón una emoción profunda al estar a su lado, y todo lo que nosotros sabemos: el sudor de las manos, el temblor de las piernas.
Todo esto, amado joven, puedes sentirlo hoy, y desaparecer mañana. Y cuántas veces te ha pasado –nos ha pasado– que lo que hoy nos parece el amor más puro, más perfecto, al poco tiempo, no queda absolutamente nada de eso, o bien queda, en su lugar, un odio profundo, o una terrible decepción causada por el daño o por la traición del otro.
El amor de Amnón se transformó en un odio más grande que el amor que tenía antes. Y así suele ser. De tal manera, que hay una gran diferencia entre la pasión, que procede del alma, y el amor verdadero, que es espiritual.
La muerte que da paso a la vida
Algunos de nosotros, los cristianos que llevamos algún tiempo caminando, nos enamoramos, y nos casamos sin saber estas cosas. ¿Y sabes, hermano? Mira, te vamos a contar.
Llegó un momento en nuestra vida en que se produjo el necesario "traslado" de los afectos. El cambio de un ámbito al otro. Y no fue sin dolor. Llegó un momento en que ese amor del alma que sentíamos hacia nuestra esposa desapareció. Con los primeros problemas, con las dificultades, desapareció. Y hubiésemos terminado definitivamente separados, como muchas parejas en el mundo, porque ese amor desaparece. Es sólo un entusiasmo, una pasión que se sacia al poco tiempo, porque está muy dependiente también del sexo y la parte física.
Y después viene la rutina y todas las cosas propias de una pareja única. Entonces, en ese momento fue necesario que se produjera el cambio. Y desapareció el amor del alma. Pero en la aflicción y la angustia de ver la desaparición de un sentimiento tan amado y tan idealizado, el Señor, en su gracia, puso ese amor profundo, ese amor del espíritu. Ese amor que no cambia, y que no depende de los atractivos de la otra persona, ni de los méritos de la otra persona, sino depende de Dios que lo da. Es un amor que lo envuelve todo y que es capaz de amar aunque uno no sea amado. Y que es capaz de sobrellevar toda diferencia, y de perdonar todo lo que sea necesario perdonar. Creo que eso nos ha pasado a muchos de nosotros, de los que somos más viejos.
Pero tenemos la esperanza de que en nuestros amados hermanos jóvenes no sea necesario. Y que desde el comienzo, el amor que una su corazón con el de la persona a la cual Dios escogió, sea este amor profundo que no conoce mengua ni sombra alguna. Que así sea. Vamos a poner nuestra confianza en eso.